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Grupo de Montaña Estepona

Veleta Invernal – 3.396 m

La actividad se organizó para conmemorar el 40º aniversario de la fundación del Club de Montaña Grume, en un formato de dos días, sábado y domingo. En un principio, el grupo iba a ser numeroso, pero por distintos motivos salud, compromisos de última hora o una fecha poco propicia significativa fue la baja del compañero Jorge Aguilar Janeiro, veterano y experimentado montañero, socio-fundador del club, y artifice de la creacion, desarrollo y planificacion de esta serie de eventos conmemorativos del aniversario de nuestro emblématico club. Finalmente quedaron cinco: Juan Herrera, César, Francisco “Kiko” Caldas, Mateo Vázquez y la admirable Ana Galindo.

Juan y César pernoctaron en el Albergue Universitario, formando la punta de lanza de la expedición. Por su parte, los otros tres se alojaron en un hotel de Pinos Genil, aproximadamente a una hora del punto de partida. El sábado, unos realizaban la emblemática ruta del tranvía desde Güéjar Sierra, y disfrutaban de la gastronomía local, manteniéndose informados en todo momento gracias a Juan y César, que transmitían las condiciones meteorológicas desde la zona de inicio.

Llegó el domingo. El día amaneció con una tímida lluvia, y a las seis de la mañana partieron para reunirse todos en el punto acordado. Una vez juntos, Juan comunicó que se encontraba indispuesto y no podría realizar la actividad. Mateo también arrastraba molestias en una rodilla, pero gracias a una rodillera que le facilitó Kiko, decidió continuar.

A las ocho de la mañana revisában el material: crampones, piolet, bastones, ropa adecuada… Antes de partir, surgieron dudas e incertidumbre, pero la experiencia de Ana fue clave para transmitir confianza al grupo.

Amanecía el 15 de marzo en Sierra Nevada cuando comenzaron la ascensión al Veleta. El objetivo era claro: alcanzar su cima en una jornada que, desde el inicio, prometía ser cambiante. El tiempo amaneció cerrado, con un cielo gris que parecía envolver la montaña en una atmósfera incierta.

Salieron temprano, con el crujido de las botas sobre la nieve helada marcando el ritmo de los primeros pasos. El frío se colaba entre los guantes y la respiración se volvía visible, casi sólida. A medida que ganában altura, el silencio se hacía más profundo, solo interrumpido por el viento y el metal de los crampones mordiendo el hielo.

Poco después de iniciar la marcha, el sol decidió abrirse paso entre las nubes y los acompañó durante el resto del día, iluminando el manto blanco que cubría todo el paisaje. La nieve, brillante bajo la luz, contrastaba con el aire frío que se hacía notar desde los primeros pasos

Pero no estában solos. El dios Eolo hizo acto de presencia, enviando ráfagas de viento intermitentes que dificultaban el avance y acentuaban la sensación térmica de frío.

El terreno, siempre en ascenso, exigía constancia y esfuerzo. En un momento clave, ya posicionados para afrontar el tramo final —el más exigente—, Ana decidió modificar ligeramente la ruta, evitando la conocida diagonal, que presentaba placas de hielo peligrosas. Fue una decisión acertada.

El último tramo se hizo especialmente duro para algunos, pero gracias a la experiencia, paciencia y empatía de Ana, todos conseguieron alcanzar la tan ansiada cumbre.

Arriba, se felicitaron y se abrazaron. No con la sensación de haber vencido a la montaña —algo imposible—, sino de haberse superado a sí mismos, dejando atrás miedos internos, a veces difíciles de explicar.

Bajo un cielo ya despejado, las vistas se abrían en todas direcciones, con un mar de cumbres nevadas extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista. El viento seguía presente, pero ya no importaba: habían llegado.

Tras las fotos de rigor iniciaron la vuelta.El descenso transcurrió con la mezcla de cansancio y satisfacción que solo la montaña sabe ofrecer. La nieve, transformada por el sol, exigía atención constante, pero cada paso de vuelta se sentía más ligero.

Terminaron la jornada con la sensación de haber vivido algo especial. El Veleta no fue solo una cima alcanzada, sino una experiencia marcada por el contraste entre la dureza del viento y la calidez del sol, un recordatorio de la fuerza y la belleza de la alta montaña.

De vuelta en el bar, entre cervezas y cafés, comentaron entre risas y satisfacción la increíble experiencia vivida. Cada uno recordaba algún momento —una ráfaga de viento, una huella en la nieve, una mirada al horizonte— y, sin decirlo abiertamente, todos sabían que días así son los que hacen que merezca la pena volver una y otra vez a la montaña.

Cronista: Matius
Cornelius Drusus

Posdata: Pico Veleta es una montaña de la cordillera Penibética, ubicada en la provincia de Granada, Andalucía, España. Su nombre deriva de la palabra árabe “Balata” que significa “cortado” o “tajo”, haciendo referencia a los vertiginosos acantilados de sus caras norte, este y sur, algunos de los cuales presentan un desnivel cercano a los 500 metros

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