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Grupo de Montaña Estepona

Monte Alcaidesa desde Sierra del Arca

El 21 de febrero de 2026 amaneció como uno de esos días que invitan a caminar. Desde la Sierra del Arca, un grupo de 24 personas nos reunimos con una mezcla de ilusión y nervios antes de comenzar la ruta al Monte Alcaidesa. Para varios de nosotros era la primera vez en una ruta de este tipo, lo que hacía el ambiente aún más especial: curiosidad, expectativas y alguna que otra duda flotaban en el aire.

Los primeros pasos fueron tranquilos, casi tímidos. El grupo avanzaba compacto, entre conversaciones suaves y miradas atentas al sendero. El paisaje empezaba a desplegarse poco a poco, con la sierra despertando bajo la luz del día. El terreno nos obligaba a mantener el ritmo sin prisas, permitiendo que cada cual encontrara su paso y su respiración.

A medida que ganábamos altura, el camino se volvía más exigente, pero también más hermoso. Las paradas servían para reagruparnos, beber agua y compartir impresiones. Para quienes se estrenaban en el senderismo, cada tramo superado era una pequeña victoria. El cansancio comenzaba a notarse en las piernas, pero era compensado por la sensación de estar logrando algo juntos.

El recorrido avanzó caminando entre bosques de pinos, alcornoques y encinas, en un entorno tranquilo que invitaba a bajar el ritmo y conectar con la naturaleza. La ruta se convirtió casi en un baño de bosque (shinrin yoku), donde el silencio, los aromas y la luz filtrándose entre los árboles acompañaron cada paso.

En el km 11 nos topamos con un contratiempo: el arroyo, crecido por las últimas lluvias, impedía el paso y el sendero se convertía en una vereda cerrada de malezas y zarzas, haciendo imposible el avance. Varios compañeros ( Kiko, Christian, Juanmi, Mateo) buscaron una ruta alternativa. Al final la encontramos , dando un rodeo y yendo un poco a campo a traves saliendo al km 12 volviendo atrás para alcanzar nuestro objetivo.

Finalmente, y no sin esfuerzo, se logró alcanzar la Cueva de las Palomas o de los Monos, llamada así por los monos que huyeron del antiguo Safari Park. Aunque el acceso también presentaba la vereda cerrada, la perseverancia del grupo permitió culminar la ruta con éxito.

El momento clave de la jornada . Allí repostamos fuerzas con un pequeño almuerzo, nos hicimos la foto de grupo y compartimos un rato de relax y risas antes de afrontar el tramo final. Un cierre perfecto para una ruta exigente pero muy gratificante. El regreso se hizo más relajado, con conversaciones más animadas y la certeza de haber compartido una jornada especial. Al finalizar la ruta, el cansancio era evidente, pero también lo era la sensación de orgullo y compañerismo. Para muchos fue su primera ruta; para todos, una experiencia que quedará en la memoria y que, sin duda, invita a repetir.

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