08 de noviembre de 2025
Iniciamos esta bella ruta circular 20 personas, desde las afueras de Cartajima, con ilusión por ver los colores que nos muestra el otoño en este valle y sus bosques. Nos fuimos adentrando en el campo agradeciendo los rayos de sol que salieron tras el amanecer y a poco andar comenzamos a ver el camino cubierto de hojas con variados tonos derivados del amarillo, naranja y marrón, además de castañas por todas partes, ya que están en plena época de cosecha.
Luego llegamos al Bosque Mágico de Parauta, decorado con hadas y duendes coloridos, que hacen especial este lugar tan cuidado por sus habitantes y en el que cada vez que visitamos, vemos algo distinto para apreciar, en sus caminos o dentro del pueblo.
Después pasamos por Parauta, para tomar el camino hacia Igualeja, llegando al nacimiento de Rio Genal, donde paramos a descansar y a tomar nuestro almuerzo en el prado, frente a la fuente característica de este bonito pueblo, escapando un poco de la sombra ya que el día estaba fresco, nos sentamos, comimos e hicimos la tradicional foto de grupo.
Después comenzamos a bajar por senderos que nos mostraban árboles y arbustos despojándose de sus hojas, ya que están preparándose para el invierno, pero aun así no dejan de darnos sus aromas a hierba y especias, además de regalarnos algunos frutos que comimos por el camino, como madroños y granadas.
Durante todo el recorrido apreciamos a lo lejos algunos pueblos de la zona, y cerros cubiertos de verde gracias a las lluvias del invierno pasado y algunas de este inicio de otoño que impidieron que este valle se viera algo seco, como otros años.
Echamos de menos ver setas, afición apreciada por uno de nuestros guías, Mateo, quien las distingue y conoce muy bien, pero no hay aun suficiente humedad y condiciones para que aparezcan y podamos entretenernos determinando de qué tipo son.
El camino de vuelta puso a prueba nuestra resistencia a las pendientes, hubo tramos en los que la subida se hizo larga, ya que habíamos llegado hasta el rio y luego debíamos volver a Cartajima, pueblo que estaba casi 200 metros más alto. Pero como siempre lo conseguimos todos, demostrando nuestro buen estado físico y, sobre todo, el entusiasmo por pasar un día entretenidos en la naturaleza y respirar aire de montaña.
Unos pocos kilómetros antes de llegar a los coches vimos el castaño de 400 años, al que algunos nos abrazamos para recibir su energía. Otro de los focos de atención que identifica este valle y que nos enseña una vez más lo resistentes que pueden ser algunos de estos ejemplares al paso del tiempo, sobre todo al daño que causamos los humanos en la naturaleza, la que insiste en seguir siendo bella ante nuestros ojos, aun cuando nosotros insistimos en destruirla.
Finalmente dimos por finalizada la ruta, completando 17 kilómetros en 6 horas, lo que nos permitió estar antes de las 4 de la tarde en el bar que estaba cerca de los coches, para tomar el merecido café, caña o lo que cada uno ve apropiado beber y/o comer para darle un regalo al estómago después del esfuerzo.
Gracias infinitas a Tomás por organizar esta ruta, con todos los detalles que a veces no apreciamos, pero que hacen que podamos disfrutar de estos días sin inconvenientes. También muchas gracias a Mateo, que se implica y cuida del resto del grupo como a su propia salud. Y a todos los demás que asistieron y que, como siempre, hacen que la compañía sea agradable y entretenida.
Crónica hecha con cariño para mis compañeros de ruta,
Claudia G.

















