Punto más alto de la Provincia de Málaga
Iniciamos la ruta a las 09:20 por un sendero rodeado de pinos que nos daban sombra y sorprendían por su altitud, entorno que fue cambiando a medida que ascendíamos, ya que fuimos viendo árboles y arbustos de distintas especies acompañados de roca.
Cuando aún algunos árboles daban sombra nos paramos a comer un tentempié y descansar un poco nuestras piernas.
Luego continuamos por sendas que nos mostraban flores en sus orillas, podíamos oír el canto de distintas especies de pajaritos y sentir el aroma de algunas plantas aromáticas.
Casi al medio día ya notábamos la fuerza del sol y deseábamos que el aire nos refrescara, pero este se dejó sentir escasamente. A ratos caminábamos viendo hacia nuestra izquierda la Umbría y hacia nuestra derecha la Solana, algo que aprendí en esta ruta gracias a nuestro compañero Cristóbal, que me enseñó que así se llama al efecto del sol en los paisajes donde impacta menos o más fuerte y, en consecuencia, permite o no que crezcan plantas y los cerros se vean verdes o, en su defecto, rocosos.
El último tramo fue bastante más rocoso y por la altitud nos mostraba vistas de cimas y pueblos lejanos, incluso ya veíamos nebulosamente el mar, desde algunos puntos.
Sintiendo el cansancio, reconociendo que estábamos haciendo un esfuerzo físico importante para cumplir nuestro objetivo, de repente, a lo lejos, vimos el Hito que corona La Maroma, momento en el pensamos que todo valió la pena y nos inundaron las ganas de abrazar las vistas, tocar el hito y descansar, orgullosos por haberlo logrado.
Después de hacer fotos y comentar la experiencia comenzamos a bajar por el mismo camino. Ya no requería el mismo esfuerzo la pendiente, pero estábamos cansados y el calor propio de esta época del año, se hacía notar. En alguno, el esfuerzo físico lo notó con calambres en las piernas, los cuales afortunadamente pudo mitigar con estiramientos, paradas y la ayuda de otros compañeros, esto nos recordó la importancia de ir siempre acompañados en estas travesías y valorar previamente nuestras condiciones para no arriesgarnos a que la ruta se transforme en un sufrimiento.
Pasadas las 2 de la tarde nos sentamos a comer, necesitábamos recuperar energía y dar proteína a nuestro cuerpo. Como siempre ese momento es de distensión y relax, aunque unos cuantos no pudimos relajarnos mucho, por la cantidad de tijeretas que invadían nuestro espacio, por lo que terminamos la comida con prisa, ya que se nos estaban colando por todas partes.
Y pasadas las 4 de la tarde ya estábamos llegando a los coches, exhaustos pero felices por poder decir una vez más, Misión Cumplida!
Crónica hecha con cariño para mis amigos de ruta,
Claudia G.















