Atravesar el pinsapar de Grazalema es un clásico en la programación anual de nuestro club; unas veces terminando en la pedanía de Benamahoma, y otras ampliándola hasta la vecina localidad de El Bosque a través del Sendero del Río Majaceite, como en el caso que nos ocupa.
El Pinsapo, abeto singular que propició la declaración de estas sierras como Reserva de la Biosfera y Parque Natural, pertenece a una de las nueve especies de abetos que viven en las montañas que circundan el Mar Mediterráneo. En concreto, éste sólo se encuentra en Andalucía, en la Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema, donde se extiende en más de 400 ha sobre la Sierra del Pinar. Generalmente se ubican en las laderas norte, protegidos de la excesiva insolación y la consiguiente pérdida de humedad, lo que genera un bosque denso y umbrío en el que los ejemplares compiten por la luz, dejando sin hojas sus ramas más bajas y un sotobosque escaso y reducido a unas pocas especies.
Los bosques de pinsapos estuvieron mucho más extendidos hace millones de años, cuando las condiciones climáticas eran muy diferentes a las actuales. Se desarrollan en una altitud entre los 1.000 y 1.600 metros. Son de crecimiento lento, y pueden llegar a alcanzar hasta los 30 metros de altura. Se trata, pues, de un vestigio de aquellos tiempos, una joya botánica restringida a un área de distribución muy reducida.
Nos encontramos en el Parque Natural Sierra de Grazalema. Tras un largo viaje de dos horas y cuarenta minutos en autobús desde Estepona, por fin llegamos al aparcamiento de Las Canteras, también conocido como de Los Areneros, debido a las canteras que aquí se encuentran, a un par de kilómetros de Grazalema, en la carretera que sube al Puerto de Las Palomas.
Es sábado 5 de abril de 2.025. El día se presenta entre nubes y claros, con temperaturas suaves y vientos flojos variables N-NO, ideal para nuestra ruta de hoy. El límite de 25 personas impuesto por la autoridad del parque para acceder a esta zona protegida, hace que varios compañeros no nos puedan acompañar hoy como eran sus deseos. Desafortunadamente, debido a una confusión con el horario del autobús, uno que sí estaba acreditado, no llegó a tiempo para la salida, por lo que ahora somos 24 en el grupo.
Sobre las 09:45 horas iniciamos el recorrido, no sin antes atender las explicaciones de nuestro coordinador respecto al itinerario a seguir y recomendaciones pertinentes, dirigiéndonos a continuación hacia la cancela de acceso a la Zona de Reserva por la que empieza nuestra ruta (sendero PR-A-347). Tradicionalmente, en este punto siempre hubo una caseta y un guarda para controlar el acceso, pero tanto hoy como en nuestras dos últimas visitas, este control brilla por su ausencia.
A lo largo del recorrido, pasaremos por el Puerto de las Cumbres (1,3) km, Quejigo del Gnomo (4,8 km), Fuente del Pinar (6,5 km), Fuente del Nacimiento (11,3 km), Fuente de los Tres Chorros (11,7 km), Ruinas de molino (12,9), Puente de entrada al sendero del Río Majaceite (13,8 km), Chorrera y Poza (14,2 km) y Represa (15,4 km).
Comenzamos ascendiendo entre pinos de repoblación, que han permitido frenar la alta erosión del suelo provocada por las intensas lluvias, pues no en vano, esta zona posee uno de los índices pluviométricos más altos de España.
Poco a poco vamos ganando altura hasta al el Puerto de las Cumbres, paso natural a la vertiente norte de la Sierra de Grazalema, desde donde tenemos unas vistas espectaculares. La Serranía de Ronda a nuestras espaldas, y enfrente, una gran extensión de la Zona de Reserva; El Torreón (el pico más alto de la provincia de Cádiz), El San Cristóbal, El Reloj y El Simancón, sorteando el paso de algunos bancos de nubes.
Empiezan a aparecer los primeros pinsapos, como señal de nuestro acercamiento al pinsapar, y los pinos van dejando paso a la vegetación de altura: piornos, majuelos, arces y endrinos. Conforme avanzamos, va aumentando el número de ejemplares de pinsapos y, tras una curva del sendero, vemos el pinsapar en toda su magnitud bajo la atenta mirada de El Torreón. Desde este punto, el camino comienza a descender.
Seguimos caminando por las laderas de la cara norte de la Sierra del Pinar, dirección oeste, hasta llegar a una especie de colladito a los pies de una espectacular peña, con espléndidas vistas a los Llanos del Rabel. Estamos en el kilómetro 2,47; lugar elegido para reagruparnos y desayunar con el Pico San Cristóbal enfrente, a nuestra izquierda.
Tras este breve descanso, seguimos por el Sendero del Pinsapar que tenemos por delante. Pasamos junto al desvío hacia el pozo de nieve, a la izquierda, y un poco más adelante nos adentramos en la umbría de este frondoso bosque de pinsapos de la Sierra del Pinar.
Llama poderosamente la atención la escasa luz que penetra en el bosque, lo que, junto a la alta humedad de la zona, hace que tanto árboles como rocas estén cubiertos con una generosa capa de musgo, de un verdor muy intenso y brillante debido a las últimas y abundantes lluvias, lo que le da un cierto aire mágico sobrenatural al entorno.
Seguimos en descenso por el bosque de pinsapos, observando viejos y altos ejemplares de pinsapos, junto a otros ejemplares muertos, algunos todavía en pie, otros talados y abandonados sobre el terreno, y otros más desprendidos de sus raíces. Un panel informativo nos habla sobre la evolución del pinsapar y de cómo la madera en descomposición permite la regeneración del bosque, y un segundo panel sobre la antigua actividad del carboneo en la zona.
Más adelante los pinsapos ceden el protagonismo a los quejigos, entre los que nos encontramos con varios ejemplares muertos y mutilados por la acción de la naturaleza, con sus troncos retorcidos, huecos, o con singulares agujeros, y generalmente cubiertos de abundante musgo. Entre ellos destaca el conocido como “El Quejigo del Gnomo”.
Llegamos al final del pinsapar, propiamente dicho, y nos encontramos con el Llano de los Vientos, kilómetro 6,51, donde volvemos a reagruparnos y tomar un respiro. Durante unos minutos disfrutamos de la espléndida panorámica de la cara norte de la Sierra del Pinar, con los pinsapos creciendo en casi toda su empinada ladera, parcialmente cubierta hoy por el paso de algunas nubes.
Acto seguido reiniciamos la marcha; giramos a la izquierda y cambiamos los pinsapos por un bosquete de quejigos. Bajamos suavemente unos 700 metros hasta el cruce con el Puerto del Pinar, y allí volvemos a girar a la izquierda en dirección a Benamahoma.
Continuamos unos cuatro kilómetros en continuo y acusado descenso por una monótona pista forestal, donde abundan los quejigos, encinas y lentiscos, y algún que otro pinsapo suelto, pero con hermosas vistas de las sierras que la rodean. Aunque la pista está en muy buen estado, mayoritariamente terriza con algunos tramos hormigonados, hay zonas muy resbaladizas debido a la capa de grava que la cubre y la humedad ambiental. Los pinsapos ceden el protagonismo a los quejigos, y así salimos del pinsapar.
Pasamos junto a la Fuente del Pinar, y atravesamos dos veces el arroyo del mismo nombre con más agua de la que estamos acostumbrados, hasta llegar a la puerta de acceso al Sendero del Pinsapar desde Benamahoma.
Bajamos un poco más hacia la cercana Fuente del Nacimiento (Río Majaceite, o El Bosque, como también se le conoce), en cuya zona baja se encuentra el “Ecomuseo del Agua Molino de Benamahoma”, lugar escogido con antelación para el reagrupamiento y almuerzo, justo a la entrada del pueblo, en un entorno natural muy relajante.
Lamentablemente, uno de nuestros compañeros se sintió ligeramente indispuesto durante la bajada por la pista forestal, lo que le provocó un cierto retraso, tanto para él como para las tres personas que lo acompañaban. Tras el reencuentro con el resto del grupo que esperaban en la Fuente del Nacimiento, y unos treinta minutos para descansar y reponer fuerzas, este compañero, y otro más como acompañante, tomaron un taxi para llegar al final de la ruta, mientras que los demás continuamos la ruta en dirección a El Bosque y completar así el recorrido que teníamos previsto.
Bajamos por la calle La Venta, dejando a nuestra izquierda la famosa Fuente de los Tres Chorros, para llegar al comienzo del Sendero del Majaceite, junto a la Venta El Bujío. Tras pasar un puente de madera, al río Majaceite se le unen las aguas del arroyo del Descansadero, y empezamos a sentir el frescor y el sonido del río, que nos acompañará a lo largo de todo el itinerario.
Conforme caminamos, estamos rodeados de un bosque de galería, que en ocasiones forman un túnel vegetal de gran belleza y frescura. Chopos, sauces fresnos, adelfas, zarzaparrillas, zarzas y otras especies, crecen tan apretadas que hacen casi impenetrable la orilla del río.
El sendero discurre encajado entre la Sierra del Albarracín, a su izquierda, y la Sierra del Labradillo a su derecha. Según dicen, es uno de los senderos más transitados del parque. Es fácil de caminar, está muy bien señalizado, y siempre acompañado por el murmullo del agua que corre por el rio, muy abundante por cierto y con varias cascadas y algunas pozas.
Pasamos junto a las ruinas de un batán, un par de molinos de agua, una antigua fábrica de luz, un canchal, el desvío al Jardín Botánico, y finalmente dejamos un azud a nuestra izquierda. La vegetación del río se va abriendo de manera paulatina, y finalmente discurre por una vega, donde los árboles de ribera ceden el paso a cultivos, aunque se mantienen olmos y fresnos en las orillas.
El sendero acaba en la piscifactoría de El Bosque (hoy sin actividad), en la parte baja del pueblo. No obstante, el track nos desvió hacia el centro en la parte alta del pueblo, siguiendo la calle Jaén para finalizar en la Plaza de la Constitución, junto al Ayuntamiento. Pensábamos que allí estarían esperándonos los dos compañeros que se vinieron en taxi, y el autobús. Nada más lejos de la realidad, pues no era lugar para autobuses, por lo que decidimos bajar hacia la plaza de toros, donde en anteriores ocasiones habíamos cogido el autobús de vuelta. Tampoco estaban allí. Tras contactar por teléfono con ellos, nos estaban esperando a la salida oficial del sendero, y el autobús se encontraba en la estación de autobuses de El Bosque, donde finalmente nos reunimos y dimos por finalizada la ruta a las 16:30 horas.
Tomamos un café y/o refrigerio en el bar de la estación, y a las 17:00 horas iniciamos el largo camino de regreso a Estepona, con nuestras “mochilas” cargadas con multitud de fotografías y bonitos recuerdos.
Estadísticas de la ruta:
Circular, de dificultad moderada hasta Benamahoma, y fácil el Sendero del Majaceite.
Distancia: 17,7 kilómetros en un área de 7,3 km2.
Tiempo transcurrido: 06h 48’ en total, con paradas incluidas.
(Dadas las circunstancias especiales de hoy, por los retrasos producidos anteriormente expuestos, omitimos los datos relativos a los tiempos detenidos, y en movimiento, así como a la velocidad media general y el promedio en movimiento, por no ser muy significativos de la realidad).
Cotas mínimas y máximas: 252 metros y 1.290 metros respectivamente.
Desniveles acumulados: Positivo: 475 metros. / Negativo 1.178 metros.
JMRC


















