22 febrero 2025.
Nos reunimos 18 compañeros a las afueras de Pujerra, dispuestos a subir al Monte Jardón.
Hace un día horrible, llueve con fuerza y no parece que vaya a amainar. Nos hacemos los remolones en el coche a ver si se cumplen las predicciones de las apps de meteorología y deja de llover.
A las 10 iniciamos la marcha bajo la lluvia.
Caminamos por una carretera sin tráfico, por la que caminaremos durante unos 6 kilómetros.
La vista a nuestra derecha es preciosa, se ven las montañas y entre los valles se clavan las nubes bajas, por lo cual parece el cauce de un rio.
Se cumple la previsión, ha dejado de llover. Nos quitamos los chubasqueros que ya no necesitaremos volver usar durante toda la jornada.
Llevamos 1,30 horas caminando. Estamos en el kilómetro 5,5 cuando paramos a tomar un tentempié. Hasta aquí la marcha ha sido cómoda, sin apenas desnivel, lo que permite al grupo charlar mientras caminamos. En el kilómetro 6 abandonamos el asfalto y nos desviamos por un carril con una pendiente muy fuerte, que más adelante se suaviza.
Estamos rodeados de castañares cuyas hojas cubren el suelo. Aparecen alcornoques y algún pino de gran tamaño. Las vistas a la derecha son preciosas.
Nos paramos a disfrutar de las magníficas vistas. Podemos ver muchos de los pueblos blancos de Málaga, Benalauria, Benaladid, El “Cerro Poyato” el “Peñón de Benaladid”, Juzcar, con su característico color azul, Cartajima, detrás el “Cancho de Almola”
Tomamos de nuevo un carril lleno de piedras y con fuerte pendiente y llegamos al desvío que nos conduce al “Jardón”
Toda esta parte de ruta es un poco descorazonadora, ya que, debido a los recientes incendios, hay árboles caídos y leña a ambos lados del carril. La solución nos la ofrece concentrarnos en las magníficas vistas. Ha despejado, luce el sol y la visibilidad es total.
Llevamos andando 2,45 horas cuando alcanzamos el” Pico Jardón”. Estamos a 1.160 metros de altura. Nos reunimos todos para la foto de grupo y deleitarnos con las espectaculares vistas, podemos ver la Sierra Bermeja, el “Hacho de Gaucin” y la “Sierra Crestellina”. Nos acercamos a una especie de caseta de vigilancia forestal, e iniciamos el camino de vuelta a la parte circular de la ruta.
Nos encontramos con una especie de “cortafuegos con muy “mala sombra”. Fuerte pendiente. Difícil de bajar, nos obliga a poner todo el cuidado posible, el grupo avanza en completo silencio. Po fin se suaviza la pendiente y nos podemos relajar. Estamos rodeado de imponentes alcornoques y castañares, El suelo está cubierto de hojas de los castañares, que nos cubren hasta más arriba de los tobillos.
Encontramos unos troncos de árboles caídos que nos sirven de asiento para poder comer cómodamente. No nos entretenemos mucho, ya que a la sombra hace frio.
Reanudamos la marcha. Salimos a una carretera. Nos desviamos de nuevo por un carril y nos encontramos una balsa de agua que cubre todo el carril con una anchura de unos tres metros.
Pequeño conato de rebelión en el grupo. No apetece mojarse los pies y se sugieren alternativas. Como volver atrás y tomar la carretera. Pero no, una pequeña balsa de agua no puede desviarnos de la ruta, y el grupo, resignado, se apresta a solventar la situación de distintas formas, algunos con destreza y paciencia, logran cruzar sin mojarse los pies, otros fracasan y se los mojan, unos terceros, se resignan a quitarse las botas y cruzar descalzos.
Seguimos la marcha por carril en ascenso, rodeados una vez más, de alcornocales, y siguiendo el mismo carril, bajamos hasta donde hemos dejado los coches.
Hemos tardado 5 horas y cincuenta minutos en recorrer 16,400 kilómetros. con 627 kilómetros de desnivel acumulado.
Contentos de haber tenidos la “suerte de los valientes” y disfrutar de un precioso día en la montaña, nos dirigimos a un bar enfrente de los coches a tomar café y volver a casa.
Precioso día y preciosa ruta


















