Charco Redondo, Sendero El Palancar

Iniciamos la ruta unas 25 personas, por un sendero que aún tiene mucho verde, gracias a las lluvias de este invierno, y que, en consecuencia, olía a distintas plantas aromáticas que crecen asilvestradas en nuestro campo.

A poco andar comenzamos a ver los distintos puntos de interés que se describían en la invitación a la ruta y que teníamos curiosidad de descubrir en vivo y en directo. Vimos la tumba antropomórfica y los «Moriscos» o casas típicas de techo cónico.

Seguimos subiendo, aunque el desnivel era poco significativo, hasta llegar a la zona de las casas cuevas, llamándonos la atención un horno fuera de estas, ante lo cual nos preguntamos cuáles habrían sido las preparaciones que comían quienes allí vivían.

Luego, bajando hacia el Charco, pudimos contemplarlo desde distintas perspectivas y vistas preciosas hacia el horizonte, mientras íbamos por senderos estrechos, con arbustos a los lados, trecho que a más de alguno dejó recuerdos en los brazos y piernas, rasguños leves afortunadamente.

Hasta que llegamos a la Ventana del Pantano, donde nos entretuvimos como es habitual haciendo fotos y buscando el mejor punto de vista para dicho fin. Cabe añadir que estabamos cerca de la orilla del Charco, lo que permitió que más de alguien se refrescara un poquito, muy buena idea por el calor que ya estábamos sintiendo.

Después iniciamos el camino de vuelta, el cual fue por otro sendero, un poco más amplio y sencillo, que no presentó dificultad, aunque pasamos un rato de tensión, cuando nos percatamos de que nuestro compañero Cristóbal no venía en el grupo, le esperamos deseando que no le hubiese ocurrido un problema y cuando y habíamos decidido que uno de nosotros desharía el camino para buscarlo, afortunadamente le vimos. Por lo anterior resulta muy importante que recordemos que debemos avisar si queremos desviarnos o adelantar, que evitemos hacerlo solos y que respondamos a los llamados si oímos silbidos o que alguien pita a lo lejos, porque probablemente nos están buscando.

Ya casi al finalizar la ruta vimos el último de los puntos de atracción, los Polvorines de Franco, puestos estratégicamente de espalda a Gibraltar. Ahí ya estabamos a unos metros de donde habíamos dejado los coches, nos despedimos de alguno y el resto nos fuimos, como es habitual, a un bar cercano, para comentar nuestra aventura y descansar un poco antes de volver a casa.

Gracias Tomás por iniciar la temporada de este 2025-2026 con una ruta tan bonita, por haberlo coordinado todo tan bien como siempre, eres nuestro idolo Gracias también a Quico, quien iba guiándonos delante. Y a todos quienes fueron, por hacer del sábado un día tan agradable con inigualable compañia.

Crónica hecha con cariño para mis compañeros de ruta,
Claudia G.

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