25 enero 2025.
Nos reunimos 26 senderistas en el Barrio de San Francisco, en Ronda. Aparcamos a la salida del barrio de San Francisco, donde es fácil aparcar.
Iniciamos la ruta a las 9.30. Esta nublado y la predicción meteorológica indica alta posibilidad de lluvia, pero, dado que se trata de una ruta con un suelo estable, gran parte por carril o sendero sin riesgo de caída, decidimos arriesgarnos.
Cruzamos la carretera y tomamos un carril de tierra. Caminamos durante dos kilómetros, aproximadamente, hasta llegar a una fuente conocida como el “Pilar de Cartajima”. Su nombre se debe a que está situada en el carril que une Ronda con la Cartajima.
Seguimos por un carril en buen estado. Hasta este punto toda la ruta discurre llaneando o con suave bajada.
Tomamos un sendero estrecho, dejando a la izquierda un arroyo.
Encontramos una puerta metálica con un candado, pero a la derecha hay un sendero estrecho que es el que tomamos.
Tras cruzar de nuevo la carretera, iniciamos una subida por un bonito carril, con ovejas a la derecha.
Cuando hemos caminado 5,5 km, paramos a tomar un tentempié.
Seguimos descendiendo por un carril, encontrando algunas cercas, que debemos cerrar.
En el km 7, vemos un carril de frente, que tomamos para dirigirnos al “Dolmen”. tras caminar un kilómetro, más o menos. salimos del carril para encontrar el “dolmen”. Está situado en mitad de una llanura.
Volvemos sobre nuestros pasos y retomamos el punto anterior, girando a la derecha.
Nos encontramos una puerta de hierro cerrada con candado que pone “Coto privado”. Aunque no es evidente, hay que fijarse, ya que a la derecha hay un paso escondido que nos permite atravesar la puerta cerrada y seguir la ruta. Al ser un paso público, no pueden evitar el paso, pero los dueños de la finca lo han escondido de forma que muchos senderistas no lo ven y se dan la vuelta.
Seguimos caminando por un precioso carril y llegamos a la “Fuente Coto Alto” una bonita fuente de piedra en tres niveles.
Bajando por el carril, nos encontramos con una balsa, con dos curiosos “templetes” inacabados,
Seguimos por el carril, Llegamos al rio, totalmente seco, lo cruzamos y nos desviamos por un precioso sendero por el que es un placer caminar.
El día esta muy cubierto y amenaza lluvia, pero, hasta este punto, nos hemos librado.
Ya vemos a lo lejos el “Tajo del Abanico”. Seguimos caminando por una preciosa vereda tipo calzada romana, cruzamos un “paso canadiense” y nos encontramos de frente el Tajo, una impresionante mole de rocas que parece un abanico, de ahí su nombre.
Estamos rodeados de las impresionantes rocas, de una gran altitud. Tanto los que ya han estado antes en este sitio, como los que lo ven por primera vez, nos quedamos sobrecogidos por la belleza del lugar.
Llegamos a una cueva, de considerable tamaño, lo que permite que todos nos podamos poner a cubierto para comer, ya que, aunque no llueve, tenemos la seguridad de que empezará a hacerlo en cualquier momento.
Mientras comemos nos entretenemos viendo a unos escaladores enfrente, escalando la pared vertical.
Tras disfrutar de la comida, nos disponemos a seguir la ruta, cuando empieza a llover. No se trata de una lluvia fuerte, por lo que nos ponemos los chubasqueros y seguimos la marcha sin mayor problema.
Salimos del Tajo a través de una preciosa calzada, que, al parecer se discute si es romana o medieval.
Salimos a un carril que subimos, dejando a ambos lados preciosas fincas, alguna de ellas con sus casas correspondientes.
Tras unos 20 minutos, deja de llover,
La ultima parte de la ruta es en continua subida alternando carril con asfalto, a ambos lados vemos encinas, quejigos y olivos, lo que hace que la subida no se haga tan tediosa,
Llegamos a los coches, tras cinco horas y media en los que hemos recorrido casi 19 kilómetros con 450 metros de desnivel acumulado.


















