Hoy volvemos al Campo de Gibraltar, más concretamente a la Villa de Los Barrios, dispuestos a disfrutar de esta ruta, circular, de unos 15 kilómetros por la zona sur oriental del Parque Natural Los Alcornocales, el cual, con una superficie de 173.619 hectáreas, es uno de los parques naturales más grandes de España, situado en la provincia de Cádiz y parte de Málaga.
Nos encontramos en el punto de inicio, poco antes de la entrada a la urbanización “Los Canchos de Benharás” (Manantiales del Duque), a 66 metros sobre el nivel del mar, junto al saltadero de la valla por el que comienza la ruta. El buen tiempo nos acompaña; en estos momentos, a las 9 de la mañana, tenemos una temperatura de 21ºC, con viento flojo del NO y cielos casi despejados, cuya tendencia parece que se va a mantener durante toda la jornada.
Empezamos unos 30 minutos más tarde, esperando a unos compañeros cuyo GPS les ha llevado por un camino equivocado. Una vez completado el grupo de 30 personas, y tras el habitual recibimiento de nuestro coordinador, saltamos la valla que nos separa del itinerario a seguir, el cual discurre inicialmente por un cómodo sendero que nos lleva a un cercano y frondoso bosque de alcornoques, separado por un muro que salvamos sin dificultad alguna. En ligero ascenso, siguiendo un sendero bien definido a través de dicho alcornocal, pronto llegamos a las ruinas del Cortijo de Legrera.
Continuamos ascendiendo con muy buenas vistas por los Tajos del Cuervo, ahora siguiendo una vereda cada vez más dificultosa, estrecha y muy cerrada por matorral bajo, con abundante coscoja, hasta alcanzar una valla cinegética que nos separa de un carril, el cual dejamos siempre a nuestra derecha durante gran parte del recorrido, sin entrar en él en ningún momento.
Allí nos reagrupamos y descansamos unos minutos mientras tomamos un tentempié antes de reiniciar la marcha. Como digo, no cruzamos al carril, sino que seguimos por una estrechísima senda, casi imperceptible debido al intenso matorral que nos acompaña, con continuas subidas y bajadas, ligeras trepadas y destrepes, y la dificultad añadida de algunos pasos estrechos entre rocas a distinto nivel, teniendo siempre como referencia la citada valla, a la que muchas veces nos acercamos siguiendo el track, o simplemente buscando el mejor camino a seguir, disfrutando de bellas panorámicas desde la cresta.
Bajamos por la Garganta de Benharás, rodeados por una generosa vegetación y el típico bosque de galería con abundante arboleda. Cruzamos fácilmente el arroyo del mismo nombre, que apenas si arrastra agua, y volvemos a subir a la cordal de dicha garganta.
Una sucesión de rocas y lajas embellecen el recorrido de esta cresta de la Sierra de la Palma, acompañado de esplendidas vistas del resto de la sierra, la Garganta del Prior, la Bahía de Algeciras y el Peñón de Gibraltar, entre otras. Al amparo de una de estas lajas aprovechamos para reagruparnos y almorzar, a 503 msnm, entre las gargantas de Benharás y de la Sepultura.
Después de unos 30 minutos de descanso, seguimos ascendiendo dejando atrás ambas gargantas hasta alcanzar el Cerro del Amarguillo (572 msnm), desde cuya atalaya contemplamos excelentes panorámicas de la Garganta de la Sepultura, El Cerro del Águila y el Cancho del Toro.
Medio kilómetro más adelante tenemos la cota más alta de la ruta, 588 metros sobre el nivel del mar, coincidente con el espectacular paso de la laja más emblemática con la que nos tropezamos, la cual cruzamos felizmente ayudándonos con las manos en algún que otro momento.
Estamos ya a escasos dos kilómetros para llegar el Puerto de la Albarda (551 msnm), pero antes, en el kilómetro 7,8 (537 msnm), prácticamente en la mitad de la ruta, hay una especie de pequeño balcón natural, que aprovechamos para reagruparnos de nuevo y tomar las tradicionales fotografías de grupo, teniendo como fondo una bella estampa de la Bahía de Algeciras y el Peñón de Gibraltar.
Esta parte del camino, convertido en una especie de cortafuegos, en ocasiones todavía resulta un poco más complicado de caminar debido al abundante matorral bajo, a veces muy espinoso, rodeado de coscojas y otras especies varias, piedras sueltas, y la casi ausencia de vereda o sendero dado el tipo de terreno por el que discurre, entre rocas y canchales, alejándonos y acercándonos alternativamente unos metros de nuestra valla de referencia
Continuamos en descenso, y una vez alcanzado el Puerto de la Albarda, el camino empieza a suavizarse ligeramente, al tiempo que nos introduce en un pequeño bosque de pinos resineros bajando hacia la Garganta del Prior, que poco a poco va cediendo terreno a otro pequeño bosque de alcornoques, que conviven con otras especies arbóreas.
Cabe destacar la presencia de alisos, laureles y madroños, y una maraña de lianas y yedras alrededor de los alisos más próximos al arroyo del mismo nombre, que juntamente con los helechos, rododendros y musgos conforman el típico bosque de galería tan propio de estas latitudes.
Cruzamos el arroyo junto a la Pilita del Acebo, y comenzamos un suave ascenso por una senda muy bien definida que atraviesa este bello canuto. Desafortunadamente, en ningún momento nos acercamos a contemplar su cauce y los distintos saltos de agua que lo acompañan, y aunque seguramente no estarían en su mejor momento por efecto de la grave sequía que venimos sufriendo, bien creo que hubiera merecido la pena hacerlo, al menos por simple curiosidad. Queda pendiente para la próxima vez, que esperemos sea ya sin sequía.
Así pues, encaminamos nuestros pasos hacia la Vereda del Mesto y la barriada de Benharás, a cuyas puertas dejamos nuestros coches. Cruzamos la urbanización y sobre las 18:50 horas ponemos fin a esta exigente y gratificante ruta en el mismo punto donde la comenzamos, junto al saltadero de la valla.
Los datos registrados por mi GPS nos dan 14,8 kms recorridos en un tiempo total de 9 horas y 14 minutos, incluidas todas las paradas (03h 41’), con la cota más baja de 66 metros en el punto de inicio y final, y la más alta en el paso de la laja a 588 metros, con unos desniveles positivos y negativos de 806 y 808 metros respectivamente.
Esta ruta podríamos clasificarla como difícil, no apta para principiantes. La dificultad del itinerario, tal como queda expuesto anteriormente, exige una buena forma física y estar acostumbrado a moverse en la montaña, además de tener un buen dominio del GPS.
Ello, no obstante, cabe destacar la belleza del entorno a lo largo de todo el recorrido, destacando la vegetación propia de los canutos y las espectaculares vistas que nos acompañaron a través de la cordal y las distintas atalayas por las que pasamos, y no sólo de las sierras más próximas del Campo de Gibraltar y Parque Natural Los Alcornocales, sino también de la vertiente costasoleña de la Serranía de Ronda, además del arco de la Bahía de Algeciras y parte del Estrecho de Gibraltar. Como nota complementaria, tuvimos ocasión de contemplar el vuelo de un par de parejas de buitres sobrevolando nuestras cabezas durante unos minutos.
No quisiera terminar esta crónica, sin hacer un nuevo llamamiento colectivo para recuperar el sentimiento de grupo, tan arraigado en nuestro club, y que últimamente parece que se está perdiendo un poco, produciendo la fragmentación y dispersión del grupo. Me refiero al hecho puntual de que debemos de caminar siempre razonablemente unidos, sin perder nunca el contacto visual entre la cabeza, el centro y el final de la cola, sin prisas por llegar antes, y con la suficiente paciencia para esperar a los que vienen detrás, ayudando y siguiendo las indicaciones de nuestros guías.
JMRC

























