Sábado 28 de septiembre de 2.024. Tercera de las rutas programadas por Grume para la temporada 2.024-2.025, si bien podríamos considerarla como la primera, ya que las dos anteriores se vieron malogradas por condiciones meteorológicas adversas, la primera, por la Sierra de Ojén, tuvimos que interrumpirla debido a un fuerte e inesperado aguacero, y la segunda, por la Comarca de Antequera, hubo que suspenderla por mal pronóstico del tiempo. Así pues, ésta es la primera ruta que conseguimos culminar con éxito en esta temporada.
Entre miembros del club e invitados hoy sumamos un total de 27 personas, y ponemos rumbo hacia una de las sierras más orientales de la Serranía de Ronda, la Sierra de Alcaparain, que une la cordillera antequerana con la Sierra de las Nieves, y cierra el Valle del Guadalhorce por el Oeste.
El punto de inicio de la excursión está situado en una encrucijada entre los pueblos de Carratraca y Ardales, a unos 2 kms de la carretera A-357, a la que se accede por una pista terriza hasta la cercanía de una balsa de agua, localizada a 553 msnm, siendo ésta la cota más baja de la ruta.
Se trata de un recorrido en parte circular, y en parte lineal, con el objetivo de hacer cumbre en el Pico del Grajo o Pico Valdivia, que con sus 1.293 metros sobre el nivel mar es la cumbre más alta de la Sierra de Alcaparain, en el municipio de Casarabonela.
Se le conoce como Pico Valdivia en homenaje al topógrafo malagueño Juan Francisco Valdivia Gómez, que falleció en el lugar el 4 de junio de 1.984 mientras trabajaba en la extinción de un incendio forestal.
Tras la pertinente salutación y consejos de nuestro coordinador, a las 09:45 horas iniciamos la marcha siguiendo un ramal de dicha pista. Bajo el manto de un frondoso pinar, poco a poco vamos penetrando en la cuenca alta del arroyo del Conejo, que conforme vamos ganando altura, los pinos van disminuyendo en número y tamaño, lo cual origina la apertura de pequeños y grandes claros que permiten la entrada de la luz solar y el crecimiento de otras especies arbóreas y matorral bajo.
Una vez superado el cauce del arroyo, un zigzagueante sendero estrecho y pedregoso, por el que, según subimos, los pinos van desapareciendo hasta ser puramente testimonial, nos conduce a la meseta que se encuentra en la cumbre de esta sierra, conocida como “Los Llanos de Alcaparain”. Se caracteriza por unas condiciones propias del clima continental, fuertes vientos y abundante vegetación esteparia, destacando las coscojas y el matorral bajo típico de media montaña, y la ausencia total de coníferas.
A las puertas de dicha meseta, sobre las 11:30 horas, con casi cuatro kilómetros recorridos y a 1.139 msnm, hacemos una breve parada de 10 minutos para reagruparnos y tomar un tentempié.
Acto seguido dejamos el sendero y nos introducimos en dicha meseta, que a través de una nueva pista de poco más de dos kilómetros a cielo abierto, muy bien acondicionada, atraviesa el Puerto de Alcaparain (1.150 msnm), y nos lleva al cruce de la vereda que conecta con el camino de subida al Pico Del Grajo.
Apenas unos escasos 1.500 metros nos separan de la cumbre, hacia la que seguidamente nos dirigimos en un continuado y exigente ascenso por dicha vereda, aproximándose al cortado que se asoma al valle del río Turón, con vistas al Cerro o Tajo de la Canana (1.182 m.s.n.m.). Sobre el terreno, este camino aparece bastante desdibujado debido a la zona de canchal y abundante matorral espinoso por el que transcurre, si bien la existencia de algunos hitos ayudan a seguirlo.
Cuarenta y cinco minutos más tarde, a las 13:05 horas, alcanzamos la cima de esta Sierra de Alcaparain, coronada por el Pico del Grajo o Pico Valdivia, a 1.293 m.s.n.m., en cuyo Vértice Geodésico hay colocada una placa en honor a Juan Francisco Valdivia.
Nos encontramos en el ecuador de nuestra ruta, con 7,5 kilómetros recorridos, donde aprovechamos para descansar unos diez minutos mientras nos deleitamos con las fantásticas vistas en 360º que nos brinda este emblemático lugar, al tiempo que tomamos las correspondientes fotografías de grupo al pie del Vértice Geodésico.
Cumplido el principal objetivo de nuestra ruta de hoy, iniciamos el descenso desandando nuestros pasos hasta llegar nuevamente, cuarenta minutos más tarde, a la confluencia con la meseta. Allí encontramos el lugar ideal para el almuerzo, entre sol y sombra, y a resguardo del fuerte viento que venimos soportando tanto en la meseta, como a lo largo del sendero que conduce a la cumbre y en ella misma.
Tras esta breve y relajante pausa de unos veinticinco minutos, a las 14:20 horas continuamos con nuestro camino de regreso por la citada meseta, que cubrimos en poco más de treinta minutos de monótona caminata hasta alcanzar el cruce que enlaza con el tramo circular de la ruta.
A partir de este punto iniciamos un fuerte descenso de unos cuatro kilómetros, para regresar al punto de inicio a través de una escarpada cañada, siguiendo una laberíntica senda plagada de recovecos entre abundante matorral espinoso, que nos obliga a estar muy pendientes del GPS entre vueltas y revueltas para identificar el camino, que termina confluyendo con el pinar donde dejamos nuestros coches unos 300 metros más adelante.
En ambas paredes de esta quebrada, se pueden observar unas bellas formaciones pétreas naturales, en forma de “agujas”, realmente espectaculares y dignas de contemplación, que por sí mismas compensa el esfuerzo realizado en la bajada.
Finalizamos esta bonita ruta a las 17:04 horas, y aunque inicialmente estaba prevista en 16,4 kilómetros, los registros de mi GPS arrojan 15 kilómetros exactos, recorridos en un tiempo total de 07h 19’, incluyendo las paradas (01h 59’), a una velocidad media de 2,04 km/h, y un desnivel positivo acumulado de 937 metros, y negativo de 869. Las cotas mínimas y máximas fueron de 553 y 1.293 metros respectivamente, según queda expuesto anteriormente en el desarrollo de esta crónica.
Gracias a las buenas condiciones climatológicas del día, con cielos claros y despejados, buenas temperaturas y vientos flojos del SE, con excepción de las fuertes rachas aisladas a partir de los 1.150 msnm, hemos podido disfrutar de excelentes vistas panorámicas durante todo el trayecto, destacando los Valles del Guadalhorce y del Río Turón, Hoya de Málaga, las Sierras de Mijas, Las Nieves, Prieta y Cabrilla, Huma, Ortegicar y Peñarrubia, El Chorro (Los Gaitanes) y los dos embalses del Guadalhorce, con las localidades de Carratraca y Casarabonela a nuestros pies.
Respecto a la flora, nos encontramos con la típica vegetación del bosque mediterráneo, abundante pino carrasco y piñonero, enebro, coscoja, jara, zarza, aulaga, plantas aromáticas y otros tipos de matorral, que se van cambiando y/o alternando según las zonas por las que nos movemos, aunque debido a la severa sequía que estamos padeciendo no están en su mejor momento.
Bibliografía: Wikipedia, Junta de Andalucía, Diputación de Málaga y Ayuntamiento de Casarabonela




















