CASTILLO DE MONTEMAYOR, POR LA SENDA DE LAS LIBÉLULAS

Sábado 9 de diciembre de 2.023. Hoy nos quedamos cerca de casa y nos vamos a la vecina y tranquila localidad de Benahavís para subir al Castillo de Montemayor. Somos 23 personas. Hace un día ES-PEC-TA-CU-LAR, cielo totalmente despejado, 12º de temperatura en estos momentos, 09:00 horas, con una previsión de hasta 21º a partir de mediodía, humedad del 60%, y viento O-NO de 10 km/h.

Nos encontramos en la zona de aparcamiento de Benahavís, frente al parque infantil y las pistas deportivas, a 137 metros sobre el nivel del mar. Antes de emprender la marcha, el coordinador del grupo saluda a los presentes con sus habituales palabras de bienvenida, hace una breve descripción de la ruta, y nos recuerda a todos las normas básicas de comportamiento en este tipo de actividad.

Se trata de una ruta circular de unos 15 kilómetros, cuya primera parte se desarrolla por el “Sendero de las Libélulas” (SL-A-252), para después continuar en ascenso hacia el Castillo de Montemayor.

En la actualidad, lo que queda de este castillo no son más que los restos de una fortificación cuyas primeras referencias datan del siglo X, emplazado en una montaña de abrupto perfil con una característica forma piramidal y visible desde grandes distancias, lo cual indica el alto grado de protección del que gozó la fortificación y su emplazamiento para vigilar amplias extensiones a su alrededor. Se sitúa en la divisoria entre los ríos Guadalmansa al Oeste y Guadalmina al Este.

A las 09:13 nos dirigimos a la salida del pueblo por la calle La Rivera para entrar en el mencionado Sendero de las Libélulas. La primera mitad del recorrido de este sendero transcurre junto a la ribera del río Guadalmina, en la actualidad totalmente seco, jalonado de amplios paneles informativos sobre el mundo de las libélulas, y otros pequeños carteles relativos a los árboles que pueblan la zona.

Al cabo de 1,3 kilómetros llegamos a la presa del Guadalmina, que a duras penas retiene un charco de agua, posiblemente procedente de las últimas lluvias, pues al rebasarla pudimos comprobar que río arriba tampoco llevaba agua.

Bordeamos parcialmente la presa en cuestión, y la cruzamos por un pequeño puente que nos lleva al primero de los 18 cruces por los que tendremos que pasar a lo largo de la ruta, lo cual ya da idea de lo pendiente que habrá que estar del GPS para no salirnos del track.

Abandonamos el Sendero de las Libélulas y entramos en otro sendero a nuestra derecha que nos introduce en la Cañada de la Mora. Hasta aquí hemos subido cómodamente unos 30 metros en poco más de un kilómetro, disfrutando de un bonito y sombrío paseo, pero a partir de este punto tenemos por delante un largo ascenso de casi 9 kilómetros hasta el castillo, que no va a resultar tan fácil y placentero como lo ha sido hasta ahora.

Poco a poco vamos ganando altura a través de caminos y senderos muy bien acondicionados y de escasa dificultad para caminar, excepto por algunos tramos donde la orografía del terreno montañoso en el que nos encontramos, con fuertes desniveles tanto en subida como en bajada, pone a prueba las buenas condiciones físicas del grupo.

Todo este esfuerzo se ve continuamente recompensado por las impresionantes vistas del entorno por el que discurre la ruta, entre las que destacan, según vamos caminando, Sierra Palmitera, Sierra Blanca, Sierra Bermeja, la Costa del Sol Occidental, el Peñón de Gibraltar y el Atlas marroquí.

Después de una fuerte subida, en el kilómetro 4,60, a 259 msnm, hacemos una pequeña parada para reagruparnos y reponer fuerzas antes de proseguir la marcha hacia Puerto Velate y posteriormente al Puerto de la Algaida, rodeando el Cerro de La Matrona entre los 400 y 500 msnm, desde el que ya empezamos a divisar el imponente cerro donde se haya ubicado el castillo.

Bajamos un poco hasta el kilómetro 9,4 (461 msnm) donde enlazamos con el sendero PR-A-165, que es el que corresponde oficialmente al Castillo de Montemayor, el cual se encuentra ya a tan sólo un kilómetro más arriba. A mitad de camino nos topamos con el Mirador de Montemayor y un gran alcornoque, con sendos paneles informativos del castillo propiamente dicho y de las vistas que se pueden contemplar desde el mirador, de NO a SE, Sierra Palmitera, Sierra Real, Sierra Canucha, Sierra Blanca, Pico de la Concha (1.215 m), Angosturas del Guadalmina, Marbella y San Pedro de Alcántara.

Para llegar al castillo aún tenemos que subir otros 400 metros por una estrecha y resbaladiza senda con un fuerte desnivel y al borde un precipicio a la derecha, cuyo tramo más peligroso cuenta con una barandilla de protección hecha con troncos de madera.

Son las 12:50 horas cuando llegamos a la cima, a 10,5 kilómetros del punto de partida y a 579 metros sobre el nivel del mar. Deambulamos por entre los restos que todavía quedan en pie del castillo y el Vértice Geodésico ubicado en tal lugar, tomando fotografías del entorno y descansando un poco con la satisfacción de haber logrado nuestro objetivo.

Aunque las hemos venido disfrutando durante casi todo el recorrido, no por ello deja de sorprendernos las gratificantes vistas que desde este punto podemos contemplar en todas direcciones, y a las que hacemos referencia a lo largo de esta crónica.

Tras la obligada foto de grupo, a continuación, iniciamos el camino de vuelta utilizando la misma vereda que nos llevó hasta allí arriba, si bien ahora tenemos que extremar aún más las precauciones, dada la peligrosa bajada que tenemos que afrontar hasta la explanada donde se encuentra el mirador y el gran alcornoque, lugar escogido para el almuerzo a escasos 4,5 kilómetros del final de la ruta.

Media hora más tarde descendemos por el sendero oficial PR-A 165 a través del Camino de Montemayor, pasando junto a la Casa de la Torna, y entramos en el pueblo por las calles de Las Margaritas y Del Pilar hasta llegar a los aparcamientos de la Avda. La Moraleda, inicio y final de la ruta, a las 14:52 horas.

Ya hemos hablado anteriormente de las vistas que nos han acompañado durante todo el itinerario, pero no hemos hecho mención alguna a la flora, la cual está compuesta fundamentalmente por una frondosa vegetación mediterránea, en la que se pueden ver jaras, palmitos, romeros y lentiscos, entre otras especies. Y en lo que se refiere a la arboleda, desde una abundante masa de pinos piñoneros a alcornoques, pasando por chaparros, algarrobos, acebuches, madroños, y la típica, aunque escasa, vegetación del Bosque de Ribera en el tramo inicial del Sendero de las Libélulas.

Según los datos de mi GPS, hemos empleado un total de 05h 37’ en completar 14,93 kms en un área de 2,5 km2, con todas las paradas incluidas (01h 25’), lo que nos da un tiempo en movimiento de 04h 12’, a un promedio de 3,52 km/h. Las cotas mínimas y máximas han sido de 132 y 579 metros respectivamente, con un desnivel positivo de 724 metros, y negativo de 618 metros. Dificultad técnica, moderado.