30 ANIVERSARIO DE GRUME

(21-22 DE MAYO DE 2016)

Tras días de preparativos, llegó la gran acampada.

La hora de salida fue el sábado a las 09:00h, como de costumbre, en el bar estadio. Los que conocían como llegar a las mesas o no podían a esa hora fueron llegando y marchándose durante los dos días.

A las 9.00 allí estaba desde Barcarrota (Badajoz) nuestro amigo Fernando, siempre tan bonito de espíritu. Luisa que porteaba la sangría, Sole, Sofi, Marina, Mª Carmen, Sergio y el guía Jorge.

Juanmy, Javi, Angó y Patri se fueron a acampar, la noche anterior. Los apañaos, de Zemy y David llegaron bien temprano a ofrecerle un cafecito e indicarnos que hacía algo de fresco.

Destacar la presencia de Afri, uno de los fundadores de GRUME.

Dimos varios portes para subir el material de escalada, la comida y el equipaje. Montamos las tiendas. Pusimos las cosas cerca del emblemático olivo. Y nos dividimos: Algunos se fueron de ruta por la zona, otros fueron a escalar. El cocinero, que fue tranquilamente, se quedó haciendo la paella y la sommelier, Luisa, con la sangría, que con tanto mimo nos preparó su marido (José, con ese toque especial, que la hace riquísima)

Jorge abrió e inauguró la vía de GRUME que se estableció un nivel de 6A+. ¿A ver esa foto que lo constate?

Carlos ideó dos paellas para 21 personas, que aunque sea feo que yo lo diga, estaba buenísima. Tuvimos hasta postre, con una mandarina. Y poco a poco, fuimos achicando la sangría. Menos mal que Paco (marido de nuestra querida Sofía) llegó justo para comer la paella calentita.

Por la tarde, algunos más fueron llegando, otros se fueron a sus casas. Como es de costumbre, nuestro Javi (Córdoba) antes de marcharse nos invitó a unas birras bien fresquita, como cuando llegó. Disfrutó de unas vías de escaladas.

Los amigos escaladores llegaron y nos mezclamos con sus conocimientos y destrezas. Destaco la labor de Francis que equipó la vía de GRUME. David fue a buscar a Isa, Irene y Paloma, que no pudieron llegar antes. y se fueron a escalar.

Llegaron niños como Erik, disfrutamos de verlo andar entre piedras, con sus padres Erika y Paco, y dos muchachitas como Lucia y Nayara, con sus mamis, Charo y Pepi, respectivamente. Las niñas le daban color a la media de edad.

Y dado que el calor se hacia notar, los que no escalamos, nos fuimos de sendero por el canuto de la utrera hasta los baños de la hedionda, donde nos refrescamos, Afri, el guía de la ruta, no se atrevió a bañarse pero Vane, Raquel, Ana (la de javi) y yo, no nos lo pensamos, el agua estaba buenísima y el olor apenas se notaba, supusimos que era por las lluvias de estos días atrás.

De camino para la hedionda, nos tropezamos con Carmen y Auxi, que iban a las mesas desde la senda que empieza en la hedionda. Y Fernando que fue a plasmar con la cámara, creo que,  la cría del águila perdicera o el alimoche. ¿Algún entendido?

Al atardecer, tuvimos una clase de acroyoga, con Miguel (el bombero) y Javi (málaga), donde Angó hizo la postura más complicada. Jeje. Destacando también a Isa, Irene y Paloma.

Ya por la noche a la lumbre, lo que más brillaba eran las risas, el buen rollo. A la sombra de la luna llena. No caben todas las risas en esta crónica. Sacaron tortilla, filete empanado, queso, y vino. Irene, tengo que decir, tu tortilla estaba buenísima. Y Algún que otro hielo, para el ron y el wisqui. Pero a la lumbre parece que las ramas frescas no querían más que chirrisquear,  Gustavo disfrutaba de su candela. Se comentaron anécdotas, mientras se forjaban nuevas.

Así cada uno se fue retirando a descansar. Pero me consta que no dejaban que se apagaran los dos fuegos. Cada mochuelo a su olivo, o eso al menos entendí yo, a pesar que alguno se resistió a cambiar de nido.

Como siempre, hay que agradecer, a nuestro amigo y aventurero Fernando, que solemnemente madrugó y  nos premio con un desayuno montañero (la manteca colorá), así que preparamos el cafecito. Desayunamos y fueron apareciendo más amigos, como Miguel el de barranco y su parienta, Vero, nuestro José (el autor de la sangría) y Luisa.

Nos fuimos a adorar nuestra piedra, símbolo de nuestro escudo. Y dimos una vuelta por el entorno. Subimos por una cuerda a un lugar mágico. Incluso, me atreví hacer una vía, que semanas antes la hice a duras penas.

Almorzamos algo, y nos marchamos poco a poco a casa. Tomy creo que llegó cuando alguno ya no estábamos.

Días después, pararon a comprobar que el estado de la zona estaba intacto, que no pareciera que los de GRUME hubieran estado allí, todo recogido, y limpio. Aunque la noche anterior, nos imaginábamos todo en las hogueras, y las mesas totalmente despejada de

matas.

La acampada fue una maravilla de buena gente y buenas risas. Espero que todos aquellos que pasaron por allí, los nombrará en este escrito, si no, las quejas ni al nuevo ni al antiguo presidente.

Muchas Gracias a todos, a los que fueron por hacer posible este evento y a los amigos que echamos de menos, que son muchos.

 

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